Sor María de la Luz Vázquez

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Sor María de la Luz Vázquez de Cristo Crucificado

Nuestra Madre Fundadora (Doloritas)
En 1847 México estaba en guerra con los Estados Unidos, y Tlaxcala era Territorio, y Hueyotlipan su municipio. Estando en estas guerras le tocó venir al mundo, como una bendición de Dios, a nuestra Madre Doloritas, en el año de 1850, en la Hacienda de la Luz, jurisdicción del Departamento de Hueyotlipan.
Sor María de la Luz Vázquez de Cristo Crucificado (N.M. Doloritas), nació el 17 de noviembre de 1846, en la hacienda de La Luz, jurisdicción de Hueyoltlipan en el estado de Tlaxcala. Sus padres fueron: Don José Tiburcio Trinidad Vázquez y Doña María Cresencia de la Luz N. Casados en legítimo matrimonio.
En el bautismo recibió el nombre de María Dolores Lusiana. A la edad de ocho años quedó huérfana de padre y madre. Las señoritas Guadalupe Matilde Izquierdo, sus madrinas de bautismo y confirmación, la ampararon y educaron cristianamente en su propia casa, sita en la calle del Puente de Leguísamo No. 1, ahora calle de Argentina No. 61, en el Distrito Federal.

En el libro de actas de bautismos de Hueyotlipan, aparecen otros dos hermanos de nuestra Madre Doloritas, un varón llamado José Gabriel Ignacio, cinco años menor y María Manuela Trinidad, ocho años más pequeña.
La señorita Dolores, muy joven acostumbraba frecuentar la iglesia de La Encarnación, sita en la calle de González Obregón No. 18, en el Distrito Federal, actualmente Biblioteca Iberoamericana. La joven sintió gran veneración por el capellán del templo de La Encarnación, R. P. Fray José del Refugio Morales Córdoba, cuyas virtudes procuraba imitar; solía confesarse con él y lo tomó como director espiritual.

Fray José del Refugio, advirtiendo sus grandes cualidades espirituales, le impuso el escapulario del Carmen y la exhortó a guardar fielmente las correspondientes obligaciones. Viendo que su hija espiritual era fiel a la gracia de Dios y muy prudente y discreta, la invitó a formar parte de la asociación de Hijas de María, ya establecida en esa iglesia. Finalmente, como descubriera en ella un alma de elección, la invitó juntamente con las señoritas Manuela Méndez y María de Jesús Maldonado, a poner los fundamentos de nuestra Congregación.
Las tres jóvenes en extremo prudentes y piadosas aceptaron las directivas del Padre Refugito y acogieron con gusto dar principio al Instituto que el Padre proyectaba establecer bajo el nombre de HIJAS DEL CORAZÓN DE MARÍA.

En 1873 fueron admitidas al postulantado por nuestro Padre Fundador, las 3 señoritas, cuando nuestra Madre Fundadora contaba con 27 años de edad.

En 1874, en ceremonia privada en la casa de los señores Ortega escudero, bienhechores del Padre, sita en la calle de Medina No. 5, ahora calle de Cuba No. 92, en el Distrito Federal, Fray José del Refugio decidió poner el santo hábito a 5 señoritas: tres internas y dos externas, cambiándoles el nombre seglar por el de religión en señal de su consagración y compromiso, Manuela Méndez el nombre de Sor Juana de San Felipe Neri, María de Jesús Maldonado, el de Sor Refugio de la Preciosa Sangre y nuestra Madre Doloritas recibió el nombre de Sor María de la Luz de Cristo Crucificado, pero sus hermanas prefirieron llamarla con el nombre de bautismo. Habiendo cumplido el año canónico de noviciado en el año de 1875 emitieron los votos perpetuos solemnes de pobreza, castidad y obediencia, clausura y caridad, ya que estos eran los votos que hacían los religiosos de los Colegios Apostólicos de Propaganda fide.

La madre Doloritas, fue una religiosa que llevó una vida edificante practicando todas las virtudes, especialmente la caridad, la humildad, la obediencia, la mortificación, la paciencia y la penitencia. Alma de oración, amante de la Eucaristía y del silencio. Para todos tuvo una palabra de cariño, de mansedumbre y consuelo.

Su vida de oración fue muy intensa, guardaba el silencio como en el más riguroso de los claustros, observaba rigurosa disciplina y abrazaba la pobreza genuinamente franciscana. En lo humano, fue muy amable, cariñosa y caritativa, y en su trabajo muy cumplida. De semblante sereno ante religiosos y seglares.

Nuestro Padre Refugito la nombró superiora de la naciente Congregación, cargo que retuvo por su mucha virtud y prudencia hasta el fin de sus días. El mismo Padre Fundador nos describe cómo actuaba la Madre Doloritas en su delicada misión de superiora. “Es el obispo, el pastor de esta pequeña grey; ella, a ejemplo de Jesús busca a las ovejas descarriadas, cura sus heridas, mezclando el bálsamo de la mansedumbre con la fortaleza de la corrección, la superiora conoce bien el carácter de sus hijas, que son plantas exquisitas que en todas partes reverdecen encabezadas y sostenidas por la Madre Doloritas. Siendo siempre fieles a su vocación hasta la muerte a ejemplo de la Madre Fundadora, que fue fiel hasta el heroísmo.

Nuestra Madre Fundadora, fue una gran ayuda y excelente formadora para las hermanas internas, cuya caridad, discreción, humildad, prudencia y otras virtudes más, la hacían apta para la dirección espiritual y formación religiosa, ya que éstas constituían el corazón y centro de la naciente Congregación; y la propia Madre tenía que proveer la alimentación y buena marcha de la casa. Además, no dejaba de alentar, exhortar y dirigir maternalmente a las hermanas externas; sobre todo cuando se trataba de casos de enfermedad, pobreza, desaliento o de absoluto decaimiento. Su ocupación fue lavar y reparar la ropa de las iglesias.

Fray de José del Refugio puso su confianza, como inspirado por el Espíritu Santo, a la Madre Doloritas, quien a fuerza de sacrificios heroicos logró no sólo mantener la naciente comunidad, sino acrecentarla. Fue una singular gracia de Dios, que para menester tan necesario encontrara nuestro Padre una excelente formadora, quien con toda razón comparte con él la gloria de ser Fundadora.
El 19 de agosto de 1897 murió piadosamente, confortada con todos los auxilios de nuestra Santa Religión y rodeada de sus queridas hijas, que inconsolablemente la lloraron y la recordaron siempre como la madre generosa y santa que, bajo la dirección del padre José del Refugio, cooperó, como ninguna otra, a la fundación de la Congregación de las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción. Por lo que se le reconoce como la Madre Fundadora.

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