Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y yo los haré descansar. Mt. 11:28.

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús, se extiende desde el Corazón del mismo Jesús, amoroso, compasivo y de gran misericordia, hasta el conocimiento pleno de su sabiduría infinita, dándose continuamente en la fracción del pan como la experiencia de los discípulos en el camino de Emaús, que al reconocerlo al partir el pan dan fe que estuvo siempre con ellos y expresan llenos de gozo “Con razón nuestro corazón ardía cuando nos explicaba las escrituras”. En esta experiencia de vida al encontrarse con Jesús, sus miedos quedan aniquilados.

Del interior del hombre nace una plegaria de reconocimiento hacía el Corazón de Jesús y expresa dulcemente: Acogerse al corazón de Jesús, que se sabe que todo restaura, da fuerzas, libera, conduce por nuevos senderos, sana el corazón humano con dulzura, limpia su alma implantando confianza hasta repetir ¡Jesús en ti confío! La misericordia, la entrega, el servicio es un mandato que llena de gozo el corazón humano, ya que fortalece su voluntad para donarse a los hermanos.

En palabras de Santa Margarita de Alacoque: “Sólo el corazón humilde puede entrar en el Sagrado Corazón de Jesús, conversar con él, amarle y ser amado del él”. Los santos hablan “La devoción al Corazón de Nuestro Señor Jesucristo produce un gran fruto y cambio en todos aquellos que se consagran a ella y se entregan con fervor”.

Es una espiritualidad permanente donde cada exégeta enfatiza en la personalidad de Jesús y cada rasgo es significativo. San Juan nos narra “el corazón es traspasado por la lanza”. El corazón se rasga, como el velo del templo ante la revelación divina, siendo un regalo transcendental de amor por y para nosotros.

La frase de san Agustín es un dardo certero cuando afirma “El corazón de Jesús es la biblia”, ya que hay vía directa para tener ese encuentro. Nos podemos imaginar en su compañía, abriendo el corazón como dos inseparables amigos sin secretos, como la lluvia cuando cae sobre el césped para nutrirlo, como el viento suave en una oleada de calor para refrescarlo, la transparencia unida a la misericordia.

Se pueden enumerar dualidades interminables, sin embargo, la más importante es: Amor infinito es el corazón de Jesús. Mateo: Señala que el corazón de Jesús es escuela de humildad y mansedumbre. “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprender de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga«. Mt 11:29-30.

Hagamos que reine el Corazón de Jesús en los enfermos de alma y cuerpo, en los encarcelados, en los hogares desunidos, en las personas sin trabajo, en los lugares apartados de Dios, pero sobre todo en nuestro corazón.