¡Dios te Salve María, llena de gracia!…

Con un corazón agradecido por estar siempre entre nosotros, como lo prometiste al Indio San Juan Diego y no omitir nuestros ruegos, imploramos “Santa María De Guadalupe, esperanza nuestra, Salva Nuestra Patria y conserva nuestra fe.”. Con voz dulce y suave nos respondes” ¿No estoy aquí que soy tu Madre?, ¿Acaso no estás en mi regazo?”.

El 12 de diciembre de cada año la Iglesia Católica celebra la Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe. Ese día en 1531, la Virgen María se apareció a un indígena de 57 años llamado Juan Diego. En uno de sus encuentros, la Virgen María le encargó a San Juan Diego que recogiera en su tilma –una tela muy sencilla– rosas de Castilla que habían florecido en el árido terreno para que se las presentara al primer Obispo de México, Fray Juan de Zumárraga, como prueba de las apariciones.

Al presentarle el pedido al entonces Obispo de México, Fray Juan de Zumárraga, San Juan Diego llevó como signo su tilma llena de rosas aparecidas milagrosamente en el árido Tepeyac. Al abrir la tela, apareció la imagen de la Virgen de Guadalupe.

El Padre Chávez señaló. “María tiene tres significados: la elegida por Dios, la iluminadora, la más hermosa”, señaló, y destacó que “ella no es la luz, Jesucristo es la luz. Ella es la iluminadora, quien ilumina por Jesucristo Nuestro Señor”.

Por otra parte, dijo, Guadalupe tiene “origen árabe” y “su significado es el cauce del río. Ella no es el agua, sino que lleva. Ella transporta el agua, el agua viva es Jesús”.

El Papa Francisco menciona que “mirar a María es volver ‘a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes’”.

“Si alguna vez, la mirada comienza a endurecerse, o sentimos que la fuerza seductora de la apatía o la desolación quiere arraigar y apoderarse del corazón; si el gusto por sentirnos parte viva e integrante del Pueblo de Dios comienza a incomodar y nos percibimos empujados hacia una actitud elitista… no tengamos miedo de contemplar a María y entonar su canto de alabanza”.

Desde entonces el pueblo mexicano y de otras nacionalidades acuden a buscar consuelo en su regazo maternal, sin olvidar su promesa “No estoy aquí que soy tu madre”.  Depositando en sus manos las múltiples causas de sufrimiento, pero agradecidos por saber que nunca nos deja solos, ya que repetimos constantemente “Ven con nosotros al caminar, Santa María Ven”.