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El primer día de Cuaresma indica el camino de esta conversión en su más plena dimensión, éste es el retorno al «principio». La Iglesia nos invita a cada uno de nosotros a ponernos hoy ante la liturgia que se remonta a los umbrales mismos de la historia del hombre:

«Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás» (Gén 3, 19). Son las palabras del libro del Génesis, en ellas encontramos la más simple expresión de esa «liturgia de la muerte», de la que el hombre se ha hecho partícipe a consecuencia del pecado. El Árbol de la Vida ha quedado fuera de su alcance, cuando contra la voluntad de Dios se propuso apropiarse la realidad desconocida del bien y del mal, con el fin de hacerse «como Dios», igual que el ángel caído; de hacerse «como Dios, conociendo el bien y el mal» (Gén 3, 5).

Así, pues, para «convertirse» del modo que la Iglesia espera de nosotros durante el tiempo cuaresmal, debemos retornar hoy al «principio»: a ese «eres polvo y al polvo volverás», para encontrarnos en el «comienzo nuevo» de la resurrección de Cristo y de la gracia.

Hay que realizar infinidad de obras buenas  para poder sentirnos parte de esa gracia que constantemente nos invita a dejar atrás el hombre viejo para portar la vestidura del hombre renovado.

Las obras de misericordia son escenarios cercanos a los que hay que recurrir para dar respuesta a lo que nos indica el evangelio de Jesús.  La extensión del reino y erradicar el anti reino.

Que esta cuaresma sea una oportunidad de donación incondicional mostrando el rostro de Dios en los hermanos más necesitados para así dar una respuesta convincente del Dios a quién servimos, teniendo como meta resucitar con Cristo.