Pentecostés es la celebración que se lleva a cabo 50 días después de la resurrección de Jesús. En este día, se conmemora la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles, colmándolos con siete dones, mismos que también son dados a cada uno de los bautizados.

La venida del Espíritu Santo renueva nuestra esperanza, alienta nuestra fe con la sabiduría divina que calienta nuestro corazón. Y nace una petición donde se ofrenda y entrega la vida, insistiéndole que transforme nuestra alma y renueve nuestro ser.

Los siete sagrados dones se extiendan en cada uno de nuestros semejantes para poder palpar la sabiduría que permite ver todo a través de la mirada de Dios e impulsa a obrar y actuar según sus designios.

Susurra en nuestros oídos tu consejo divino que nos anime a elegir la solución que más concuerda con la gloria de Dios en bien de cada uno de los seres de la creación.

¡Oh Dios!, nuestro Dios, te buscamos, nuestra alma tiene sed de ti; como tierra reseca, sin agua. Concédenos tu piedad que nos mueva a implorar a Dios su confianza como un hijo a su padre. 

Danos el entendimiento de tu palabra, vivificando nuestra fe en obras tangibles en cada uno de nuestros hermanos.

Apártanos de las obras incorrectas ante tus ojos, haznos sentir el temor de ofenderte y del pecado de omisión. 

¡Tú palabra es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo! Haznos reconocer tu ciencia divina con rectitud, enfatizando tus obras.

Tus designios son perfectos y con tu fortaleza avanzarémos por sendas correctas superando adversidades con fe y confianza en ti.